Capibot es un peluche con forma de capibara, pero por dentro es un pequeño robot. Lo crearon tres estudiantes de Ingeniería Mecatrónica de la Universidad UTE, en Quito, con un objetivo concreto: ayudar a los profesionales que trabajan con niños dentro del espectro autista a conocer mejor sus reacciones y preferencias.
Sus autores son Josué Espín, Israel Robayo y Mateo Fabara, guiados por el docente Wilson Pavón, profesor de robótica asistiva.
Cómo funciona Capibot
El peluche combina robótica asistiva e Internet de las Cosas. De acuerdo con Primicias, tiene:
- Una pequeña pantalla que muestra estímulos visuales: colores, dibujos de emociones, animales y acciones.
- Tres botones para que el niño indique si algo le gusta, le disgusta o le resulta indiferente.
- Una tarjeta de memoria que guarda los datos de cada reacción.
- Conexión wifi para consultar la información en tiempo real desde un celular o una computadora.
- Un módulo removible con la minicomputadora, para poder lavar el peluche.
El armazón interno está impreso en 3D y producir cada unidad cuesta alrededor de 50 dólares.
Lo que Capibot no hace
Sus creadores son claros en los límites. «El propósito con Capibot no es tratar, curar, evaluar o diagnosticar ningún trastorno del espectro autista», explicaron. La universidad añade que el prototipo no constituye por sí mismo una intervención terapéutica ni sustituye el trabajo de médicos, psicólogos o terapeutas.
El formato de peluche hace que, para el niño, el dispositivo se vea como un juguete y no como un aparato médico, mientras por dentro registra cada una de sus respuestas.
Su valor está en ser un puente: una forma amable de interacción para el niño y una fuente de datos complementarios para los especialistas que lo acompañan.
De Quito a Italia
El desarrollo tomó cerca de dos años, desde el estudio inicial hasta el primer prototipo. El proyecto fue seleccionado entre unos 400 trabajos de todo el mundo y presentado en el IEEE Smart World Congress 2026, celebrado del 7 al 11 de septiembre en la Universidad de Calabria, en Italia.
Allí despertó el interés de investigadores. Según Primicias, una doctora de la Universidad McGill, en Canadá, se contactó con el equipo para explorar pruebas controladas.
Por ahora, Capibot sigue en fase de desarrollo y validación: el equipo analiza su funcionamiento, seguridad y utilidad antes de pensar en llevarlo a terapias reales. Es, de momento, una muestra del talento que sale de las aulas ecuatorianas. Más historias en Social.




















