Ecuador incrementó de $ 3 a $ 30 la tarifa que cobra a Colombia por el transporte de su crudo a través del Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), una decisión que marca un giro relevante en la política energética y en la relación bilateral entre ambos países. La medida fue confirmada por la ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, el lunes 26 de enero de 2026, y ya se encuentra respaldada por una resolución oficial emitida por la Agencia de Regulación y Control de Hidrocarburos (ARCH).
El ajuste tarifario responde a un criterio de reciprocidad, luego de que Colombia suspendiera el suministro de energía eléctrica hacia Ecuador. Desde el Gobierno ecuatoriano se sostiene que el transporte de crudo colombiano por el SOTE constituye un servicio estratégico, fundamental para la operatividad de Ecopetrol y de otras empresas del sector hidrocarburífero del país vecino. En ese contexto, Ecuador decidió revalorizar un servicio que ha mantenido de forma continua y segura durante años.
Ecuador cuenta con dos sistemas principales de transporte de petróleo: el SOTE, administrado en su totalidad por Petroecuador, y el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), operado por la empresa del mismo nombre. Es a través del SOTE por donde se moviliza el crudo colombiano, con un volumen aproximado de 12.000 barriles diarios, según explicó la ministra Manzano. Este crudo ingresa al sistema ecuatoriano para ser transportado hasta el puerto de Esmeraldas, desde donde se exporta a mercados internacionales.
La funcionaria señaló que Ecopetrol, empresa estatal colombiana, enfrenta limitaciones operativas en ciertas zonas de su territorio debido a la presencia de actividades ilícitas, lo que dificulta el traslado interno del crudo. Ante esa realidad, Ecuador ha cumplido un rol clave al facilitar una ruta segura y eficiente para la salida del petróleo colombiano, convirtiéndose en un socio logístico indispensable.
Con la nueva tarifa, el Estado ecuatoriano busca alinear el costo del servicio con su valor real, considerando el mantenimiento de la infraestructura, los riesgos operativos y la importancia estratégica del oleoducto. El incremento también refuerza la posición de Ecuador en la gestión soberana de sus recursos energéticos, enviando una señal clara sobre la necesidad de relaciones equilibradas y justas en el ámbito regional.

